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En esta sección distintos referentes sociales, dirigentes y asesores del sector mutual y cooperativo, nos hacen llegar sus reflexiones y pensamientos, sobre la crisis  desatada por la pandemia.

Hoy, nos ofrece su mirada Juan Manuel Rossi, Presidente de Federación de Cooperativas Federadas Ltda. (FECOFE). Además, es Licenciado en Administración Rural de la Universidad Tecnológica Nacional y productor rural.

La pandemia fue un golpe al sentido cotidiano de las cosas. Intempestivamente irrumpe en la vida de las personas y de las instituciones. En tanto animales de costumbre, rápidamente nos adaptamos a seguir adelante en un mundo signado por una acelerada virtualidad. Mediados por dispositivos digitales continuamos comunicándonos, mientras descubríamos que algunos eran más “esenciales” que otros, esos que no podían “quedarse en casa”, como los imprescindibles trabajadores de la salud o, en nuestro caso, los que producen alimentos. En ese contexto, se inscribieron muchas de nuestras cooperativas elaboradoras de alimentos, igualmente indispensables para la vida.

Pero la pandemia, rápidamente corrió el velo de la fragante desigualdad de nuestra sociedad. En el mundo sí, pero particularmente nosotros advertimos y padecemos la nuestra. La realidad se expresó sin atenuantes, sin distracciones pasatistas, despojada de toda frivolidad: las posibilidades de sobrevivir ante la crisis generada por la pandemia no era la misma para todos. No todos tenían suficientes recursos para alimentarse. Una adecuada atención sanitaria tampoco. Entonces, más que añorar la “normalidad” perdida, la pandemia nos interpeló sobre en qué mundo queremos vivir.

  • Distintos sectores de la sociedad, a través de sus hechos, se han manifestado en esta crisis, a su entender: ¿Cuál ha sido, el rol que cumple el sector de la economía social y solidaria, constituido por mutuales y cooperativas?

Al develarse la injusta realidad, también se revela (y confirma) el rol de las entidades cooperativas y mutuales. Con todas sus posibilidades de producir bienes y servicios de manera equitativa y democrática, con la mira en el desarrollo humano, en la organización de la comunidad, en la distribución de los excedentes, en la producción sostenible, acorde a la tríada: económica, social y ambiental. Trascendiendo el pensamiento único (monocultivo de mentes) basado en la mera maximización de ganancias y sus consecuencias en términos de concentración y exclusión.

Las cooperativas de FECOFE, por ejemplo, han reaccionado veloz y proactivamente al nuevo escenario. A partir de alianzas estratégicas con otras organizaciones agrarias productoras de alimentos y procurando articularse con el Estado, en sus diferentes niveles: municipales, provinciales y nacional. Hemos dado respuesta a la emergencia alimentaria, que, aunque concomitante y potenciada por la pandemia, ya venía diezmando el bienestar de la población desde mucho antes.

 

  • ¿Cuál será el papel de la economía  de la social y solidaria en la reconstrucción pos-pandemia, de una sociedad  que seguirá siendo desigual? o ¿Será posible construir una sociedad más justa, inclusiva y solidaria?

 

El primer desafío de la Economía Social y Solidaria y de toda la comunidad global, será la adaptación activa, el aprendizaje que dejarán las consecuencias de la pandemia, pero sin olvidar que entre sus causas predominan los modos de producción que contaminan al planeta comprometiendo el presente y sobre todo el futuro. Es nuestra obligación como dirigentes pensar en nuestro sector, en nuestra supervivencia, al igual que en la suerte de las próximas generaciones. Esta forma de producir se está llevando puesto al planeta. La producción cooperativa, particularmente de alimentos, que es el caso que nos toca, debe contemplar el cuidado del medio ambiente, de los ecosistemas y de la salud de la población que los consume.

Esta preocupación (y ocupación) no es nueva, sin embargo el momento nos la muestra inapelable. Si aprendemos esta lección el futuro será promisorio. No depende sólo de nosotros pero estamos obligados a hacer nuestra parte. La ética es constitutiva de los valores de nuestras cooperativas y mutuales. Así como nos arrogamos de este rasgo identitario y nos jactamos de nuestros principios distintivos, sepamos también que ellos nos hacen más responsables.

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